viernes, 25 de julio de 2008

De libros y otros vicios

Los libros son mi pasión, creo que desde que tomé el primero entre mis manos, cuando apenas juntaba letras con dificultad para descubrir las primeras, asombrosamente hermosas, palabras de mi vida. Fue la entrada a un universo paralelo del que nunca más me he ido y marcó para mí la diferencia entre, simplemente transcurrir, y ser intensamente. Primero fue la aventura por la aventura, luego la transformación, la mística, el albatros, el renacimiento. Los libros purifican, emputecen, destruyen, elevan y su existencia justifica cualquier muerte, cualquier traición:
"Debo justificar lo que me hiere,/ no importan mi ventura o desventura:/ soy el poeta."(J.L.B.).

Quizá por eso no pude evitar que mi vida profesional tuviera que ver con ellos: Me pagan por leer! No hubiera podido ser más perfecto. Es cierto que a veces llego a odiar los libros que son mi trabajo, pero luego, en ese instante de intimidad, cuando él me muestra su naturaleza, entonces no importa si es el peor texto que ojos humanos hayan contemplado, porque lo tomo en mis manos y me permite moldearlo, limar las asperezas de su sintaxis, buscar hasta el agotamiento la palabra justa, esa hermosa palabra que no necesita más justificación o explicación que ella misma. Las palabras son bellas, en su estructura, su forma, su contenido, y es un momento mágico cuando descubres la palabra exacta que justifica la existencia de otras 100. Son mi guijarro como Dulce María tuvo el suyo, esa pequeña piedrecita que cojo en mis mis manos y la aprieto, la tiro, y es mía, como no puede serlo una estrella; pero quien quiere estrellas cuando puede saborear un guijarro.

No hay comentarios: