Hace poco, en una tertulia, recibí un ejemplar del último título publicado por el escritor invitado. Cuaderno de Aliosha, el cual había sido reeditado por Ácana, la Editorial en que trabajo, no había llamado hasta el momento mi atención, quizás porque últimamente tanta lectura me hace acercarme a los libros con precaución -he tomado por costumbre adquirir sólo aquellos que me son muy bien recomendados-, o quizás porque no le tengo mucha fe a la poesía actual, mucho más si es en prosa. Sin embargo, el libro, que sentí la obligación de leer, me sorprendió: fue un viaje místico, sosegado, hacia mí misma; me sentí, más que escuchando las confesiones del autor, yo misma, sobrecogida frente a mis propios pensamientos, dolores, culpas, y extrañamente llena de paz. Copio un fragmento de uno de los primeros poemas:Perdonar es abrir sitio al vacío. Prescindir de la memoria y con ella de imágenes y palabras [...] Riesgo y fragilidad del que perdona: se abre a la intemperie, no sabe qué esperar. [...] Perdonar es un modo imperfecto de inmortalidad: sales del acto concreto, del hecho doloroso, para quedar solo con tu tranquilidad; no tienes aún cercano al prójimo, simplemente has abierto el espacio para el amor. No hay grandeza en el amor si este queda en el puro sosiego. Falta la locura mayor: amar al enemigo, sobre todo si sabemos que puede, fatalmente, volver a dañarnos. [...] Abandonarse al peligro del amor, acto de ciegos, de tontos, de místicos.
Roberto Méndez Martínez
Cuaderno de Aliosha (Ed. Ácana, 2007)
Es la voz de Aliosha-Méndez, ambos saliendo al mundo, impregnándose lentamente de esa experiencia vital que se adquiere en el camino y conduce al entendimiento. No hacen falta explicaciones, es un ejercicio de los sentidos, donde los silencios, los espacios en blanco nos conducen a través del desierto, a la caída, al llanto, a la verdad, a la expiación, y el monje se levanta una y otra vez, se sacude las rodillas, y anda... hasta alcanzar la región donde se agradece el pasado, fluye el presente y comienza el futuro con las campanas que llaman a bodas:
Aliosha, a bodas llaman. Hasta allí no puede acompañarte monje alguno. A pesar de los místicos, no hay ruta, ni palacio, ni conmoción celeste. Es cruzar descalzo el desierto, vencer y vencerte. Sólo después vendrán las imágenes. Entregarse a la que espera. Que el esquilón no llame en vano. Sí, entregado...
marzo-abril, 2007
Roberto Méndez Martínez
Cuaderno de Aliosha (Ed. Ácana, 2007)
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